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ROLAND GARROS - TENIS TELEVISADO

Gaudio gana Roland Garros 2004: Salatino en la fiesta equivocada
Por Carlos Allo

El relato y el tratamiento periodistico, por parte de Guillermo Salatino, del triunfo de Gaudio frente a Coria, fue muy injusto para con el ganador.

Nadie está exento de pasiones.

Es absolutamente lícito que José María Muñoz haya hecho saber que era simpatizante de Chacarita, aunque gritó los goles de Rojitas, el Chango Cárdenas, Pinino Más o el Lobo Fischer del mismo modo como los del tanque Neumann. Es conocida la marca "cuerva" de Marcelo Araujo. Víctor Hugo Morales conmovió a todos sus oyentes argentinos cuando suspiró un "qué dolor!"al entrar el quinto gol de Dinamarca frente a Uruguay, "su" Uruguay, antes de hacer el relato más apasionado de la historia del gol más famoso de la historia, argentino.

Y pasiones, pasiones, pasiones... fanatismos visibles en los deportes, la política, incluso tendencias fanáticas imbéciles en la música, como el ridículo "Beatles vs. Rolling Stones".

Pero lo ocurrido en la transmisión de Gaudio-Coria desde París no una tiene explicación que se compadezca ni con lo comprensible de las pasiones o las simpatías.

Asistimos asombrados a una semana de avances de tenistas argentinos en Roland-Garros, hasta que la noticia de que la final iba a tener a dos de ellos nos dejó libres de esa tensión típica de hinchar por el "nuestro" y sufrir por él durante el partido. Nos preparábamos para una mañana con deporte internacional con sabor local, sin adrenalinas, porque realmente "ya habíamos ganado" y era una coronación a favor de alguno de nuestros príncipes predilectos, indistintamente. Indistintamente, de verdad.

Pero nos desayunamos de que para el relator de la tele no era así: Cuando Guillermo Coria se ubicó por primera vez Match Point frente a su compatriota, el relato de Guillermo Salatino desde América TV ingresó en una escalinata de exaltación de la personalidad y la carrera del "mago", con un énfasis inequívocamente referido al ganador del partido. Fue como si "Salata" estuviese esperando ansiosamente durante las horas del match decir la frase "el heredero de Vilas". Estaba en lo más jugoso de los halagos, cuando Gastón Gaudio descontó el punto que lo alejó por primera vez del triunfo. Coria se vuelve a ubicar a un punto de obtener un 6-4 en quinto set y Salatino volvió a mostrar un entusiasmo triunfalista aunque no tan calamitosamente fanatizado como cuando su tocayo acarició la copa minutos antes. Pero Gaudio lo levantó una vez más y armó una media hora final que hizo sudar al relator-comentarista, hincha de su rival ¾inadmisible dentro de la maravillosa circunstancia de tener a dos argentinos definiendo un Grand Slam¾ que tardó mucho en reaccionar ante la realidad del 8-6 a favor del "Gato".

Salatino rompió todo clima de festejo en la transmisión. Se encargó de remarcar de todos los modos posibles la amargura de Guillermo Coria por encima de la alegría de Gastón Gaudio. Vaticinaba el triunfo de Coria en el Roland-Garros 2005, como si se tratara de que el ganador en esta oportunidad fuese un tenista mongol nacionalizado botswanaiano.

No había posibilidad alguna de que Gastón Gaudio o Guillermo Coria me arruinaran el almuerzo del domingo. Salatino casi lo consigue. Se le "escapó", como rescatando una frase políticamente correcta,  un "Debo confesar que yo también estoy contento". Y rescató de Gaudio su "recuperación", haciendo referencia a un tiempo difícil en la vida del Gato; fue tan tibio y tan poco creíble su reconocimiento al campeón, que, al saber de antemano los televidentes que Gaudio es argentino, el que quedó como extranjero es Salatino.