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..!FELIZ DÍA DE LA PATRIA!..

 SUMARIO Nº 28
Servicio informativo de Agencia Nova - EFE - AFP - Notas de análisis e investigaciones: Neira Comunicaciones.
Permitida la reproducción total o parcial mencionando la fuente (Copyright Ensamble 19 - 2002)
 
Director: Roberto C. Neira

CIENCIA Y POLÍTICA
El mundo está loco, loco... pero de un solo lado. (Por Roberto C. Neira)

DE COLECCIÓN
La declaración de la Independencia - Fragmento editado en 1917.

OTRA DE COLECCIÓN
De Historias y Cosas Viejas contadas por un viejecito... (La patrulla nocturna)- Texto editado en 1914.

NOTICIAS COMENTADAS

CIENCIA Y POLÍTICA

 El mundo está loco, loco... pero de un solo lado

 (Por Roberto C. Neira)

 
Bruce Miller, uno de los más eminentes neurólogos norteamericanos, catedrático de la Universidad de California, presentó durante el último Congreso de la Academia Americana de Neurología, una comunicación científica donde asegura haber investigado, a través de 72 casos, la enfermedad de Pick, un grave proceso degenerativo del sistema nervioso.

Lo notable es que Miller asegura que la enfermedad produce, entre otros efectos, un cambio de personalidad hacia tipos que generalmente se consideran como "progresistas".
 
Dice que se trata de pacientes de talante conservador y tradicional que, como consecuencia de una degeneración neurológica, cambian totalmente de comportamiento: se adhieren a asociaciones radicales, visten ropas deshilachadas, se decoran con abalorios extravagantes, y adoptan posiciones políticas izquierdistas, incluso extremadas. Una paciente -acotó Miller- llegó a propugnar que se expulsara del planeta a todo ciudadano derechista.

En síntesis, según la crónica remitida al Congreso, para el doctor Bruce Miller el progresismo es consecuencia de un proceso neurodegenerativo, de una enfermedad somática que empieza trastornando la personalidad y puede desembocar en diversas formas de demencia.
 
De este modo, obtuvo la confirmación clínica de una observación muy de moda en ciertos psicólogos estadounidenses que relacionan la personalidad izquierdista con el resentimiento, o sea, con el repudio de los valores y la exaltación de los contravalores, enfatizando que los comportamientos de ciertos "progresistas" no son solo grotescos, sino imposibles de justificar desde el sentido común porque adolecen de irracionalidad.

Según expresa el Dr. Miller, el progresismo respondería a una dolencia del tipo del Alzheimer, en este caso, a una descomposición del cortex en la parte derecha del lóbulo frontal.

El Dr. Miller, para redondear su estudio, considera que cuando la medicina descubra un tratamiento adecuado, es probable que desaparezca en los promotores la anomalía progresista y se imponga la normalidad en las sociedades humanas. Las cabelleras teñidas de verde, los andrajos caros, los collares astrosos, las bufandas en verano, el lenguaje soez, el libertinaje sexual, la protesta permanente, las actitudes pseudorevolucionarias, el permisivismo moral, la contracultura... serán síntomas que aconsejarán un tratamiento no político o doctrinal, sino estrictamente médico.

Si el autodesplome del socialismo real -concluye Miller- significó la unificación socioeconómica de la Humanidad en torno al modelo de iniciativa privada y de mercado libre, es posible que la cura del síndrome progresista unifique en sentido conservador y más racional las actitudes humanas.
 
El análisis
 
La lógica científica que defiende el Dr. Bruce Miller va mucho más allá de las características de la enfermedad que dice investigar, porque su diagnóstico es parte de un nuevo proyecto "maccartista" lanzado por el actual gobierno de los EE.UU. y cuyo objetivo fundamental es destruir las ideas libertarias que se contraponen al neo-imperialismo globalizado iniciado en las postrimerías del siglo XX.
 
"Todos los que no piensan como nosotros, están locos y deben tratarse", es posible que piensen el presidente Bush y los funcionarios de su gobierno.
 
Lo grave y a la vez ridículo de esta categorización demoníaca contra el progresismo basada en el fundamentalismo más retrógado que puede originarse en la conciencia humana, es que no se trata de una discusión filosófica de ideas contrapuestas sino que detrás de bambalinas es posible advertir otras consecuencias que podrían terminar con una cacería humana global de efectos devastadores, hacia los que se oponen a los deseos de los EE.UU.
 
Imaginemos por un instante que todos los que pensamos diferente seamos capturados, envueltos en un chaleco de fuerza y remitidos a un Hospital Neuropsiquiátrico. Allí nos someten a un "lavado de cerebro" que termina por cambiar nuestra personalidad para adecuarnos al sistema que nos quieren imponer sin ningún tipo de problemas. Sin ninguna duda, saldríamos convertidos en autómatas, cyborgs o como quieran llamarle. Una clase de individuos que vemos a diario en infinidad de películas de ciencia-ficción ¿ciencia ficción?, producidas precisamente en el país donde se originan estas ideas maquiavélicas.
 
Iniciativas populares
 
Si nos remitimos a los problemas locales, en el marco del proceso de decadencia económica, social y política que se viene agudizando cada vez más en la Argentina, hemos visto que últimamente han surgido numerosas propuestas para cambiar la política, las instituciones y a quienes la representan.
 
Una de las últimas iniciativas populares proviene de un abogado que armó un programa denominado "Hagamos algo", que entre otras cosas, propone un tope salarial para funcionarios de jerarquía y promueve investigaciones más rigurosas en el estado.
 
Siempre es bienvenida una idea de estas características, sobre todo si puede significar cambios para mejorar la vida de los argentinos. Sin embargo, la mayoría de las propuestas caen en lo mismo: la corrupción o los topes en los salarios y las jubilaciones de los funcionarios.
 
Por supuesto, no debe descartarse, una iniciativa que ponga término a los excesos de la política, pero tampoco la ciudadanía en su ánimo por producir cambios con urgencia peque de ingenuidad. Sabemos que una amplia mayoría de los legisladores actuales no van a votar una ley que los denuncie a sí mismos. Y tal como sucede con la investigación a la Corte Suprema de Justicia, la mayoría no se va a atrever a juzgar a nadie porque todos tienen compromisos asumidos durante la década del menemismo.
 
Por esa razón, los esfuerzos de la sociedad deberían estar dirigidos a atacar los orígenes de la degradación de las instituciones de nuestro país. O sea, en una palabra, comenzar por el principio.
 
Y hay un tema muy importante que debería ser encauzado urgentemente como proyecto de Ley aprovechando las discusiones sobre la Reforma Política.
 
Se trata de certificar fehacientemente por una Junta Médica de profesionales "insobornables", la capacidad física, psíquica y de buena conducta (antecedentes policiales, penales y comerciales) de todos los candidatos a ejercer cargos públicos. Desde el presidente de la nación hasta el último concejal de barrio y desde el ministro de economía hasta el último asesor de una repartición pública.
 
Porque si hay algo en que estoy de acuerdo con la tesis del Dr. Bruce Miller, es que en muchos de nuestros políticos hay innegables secuencias de procesos neurodegenerativos y de enfermedades somáticas que empiezan trastornando la personalidad y puede desembocar en diversas formas de demencia que después pagamos muy caro todos los argentinos. 

DE COLECCIÓN

 
Fragmento de "Lecciones de Historia Argentina" (para uso de la enseñanza primaria) de Rómulo D. Carbia, miembro de la Sección de Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de Buenos Aires y Profesor de la materia en el Colegio Nacional "Juan Martín de Pueyrredón".
La edición es de Franzetti y Cía. y fue realizada en 1917.
 
La Asamblea de 1813, fue convocada para resolver lo relativo a la declaración de la Independencia y para dictar la constitución definitiva que debía servir de base al nuevo país. Pero la Asamblea no hizo ni lo uno ni lo otro. Preocupada por diversos asuntos, fue prolongando sus sesiones hasta que el 15 y 16 de abril de 1815, una revolución encabezada por el Cabildo de Buenos Aires la disolvió, sustituyéndola por una Junta de Observación.
 
Los revolucionarios dieron a esa Junta la misión de dictar un Estatuto Provisorio, es decir, una constitución temporaria, hasta tanto se reunía un Congreso General, que debía tener por fundamental objeto declarar la Independencia y sancionar la constitución definitiva. Ese fue el origen del histórico Congreso de 1816.
 
Se reunió en Tucumán, por la necesidad de demostrar que Buenos Aires, contra lo que se creía en el interior, no aspiraba a constituirse en centro director del país, y para asegurar a los congresales contra los peligros que traería aparejados un fuerte ataque español que se anunciaba contra la capital.
 
Después de largos trámites, el Congreso inició sus sesiones en marzo de 1816, y desde el principio se resintió de falta de energía. Cuando se enteró de esto San Martín, que estaba en las provincias de Cuyo organizando un ejército que debía cruzar la Cordillera, puso todo su esfuerzo en hacer ver a los congresales la necesidad de proceder con rapidez y declarar de una vez la Independencia. Su agente principal en el Congreso era el diputado Godoy Cruz, y a él le escribió un día estas palabras:
 
-"¿Hasta cuándo esperamos para declarar nuestra Independencia" Es ridículo acuñar moneda, tener pabellón y cucarda nacional, y permanecer pupilos de los enemigos?-
 
Cuando esta manifestación de San Martín fue conocida por los congresales. muchos de ellos estaban ya resueltos a hacer la declaración de la Independencia, convencidos, después de escuchar a Belgrano, que acababa de regresar de Europa, que era ese el único camino a seguir.
 
Y fue así cómo en la sesión ordinaria que el Congreso realizó el 9 de julio de 1816 (hace hoy 186 años), quedó declarada la Independencia de nuestro país, no sólo de los reyes de España, sino de toda otra dominación extranjera.
 
Después de dar este paso, el Congreso -que más tarde se trasladó a Buenos Aires- se puso a discutir la Constitución, aunque recién fue sancionada en 1819.
 

OTRA DE COLECCIÓN

 
De Historias y Cosas Viejas contadas por un viejecito...
 
(Lectura sobre los programas de historia) de José M.  Aubín (Profesor Normal)
Editorial Angel Estrada - Año de la edición 1914.
 
LA PATRULLA NOCTURNA - Capítulo XVIII
 
En los primeros tiempos de la Independencia o de la Patria, como entonces se decía, todos los vecinos tenían la obligación de salir, por turno, a prestar el servicio de vigilancia nocturna, formando parte de las patrullas que mandadas por los alcaldes de barrio o por sus tenientes casi siempre y alguna vez por un simple vecino, rondaban por calles y plazas, desde que anochecía hasta el amanecer.
 
Eran ellos, los patrullantes, los que conducían a la Policía vieja (cuyo edificio estaba situado al lado del Cabildo)a uno que otro ebrio, a los peleadores y gente de mal vivir que encontraban a su paso.
 
Por entonces la gente trasnochaba poco, y los malhechores, escasos. Sólo muy a la larga se oía hablar de algún crimen; pues los homicidios que se cometían eran siempre el resultado de alguna riña.
 
Cuando el jefe de la patrulla divisaba algún transeúnte más o menos nocharniego (noctámbulo), daba inmediatamente con voz campanuda un recio: ¿Quién vive...?- a lo que el interpelado contestaba, deteniendo el paso: ¡la Patria!
 
- ¿Qué gente? - entonces el preguntado manifestaba su condición, hecho lo cual se le permitía seguir su camino.
 
Pero a veces, no era un trasnochador o un vecino obligado a callejear por necesidad urgente el que tropezaba con los especiales vigilantes nocturnos, sino otra patrulla: entonces las cosas cambiaban y el reconocimiento se hacía con mayor formalidad y ceremonia.
 
El jefe de la patrulla que primero divisaba a la otra, daba el consabido -¿Quién vive...?- que era contestado con el acostumbrado, -¡la Patria...!- a lo que el primero añadía: -Avance el jefe para ser reconocido y rendir santo y seña-.
 
Avanzaba el invitado, daba su santo y seña y luego de saludarse ambos jefes, seguían las dos patrullas cada una por su lado.
 
Pero sucedió que eso de ser patrullante, se convirtió para algunos en un oficio.
 
Como la ley permitía que los que estaban obligados a prestar este servicio, podían poner un personero, todos los vecios pudientes se valían de este medio para evitar pasar malas noches y eximirse de molestias; y como por esta circunstancia la demanda de tales substitutos era activa y frecuente, hubo algunos individuos necesitados que se dedicaron a ser personeros, como hubieran  podido ser peones u otra cosa.
 
Por tratarse de que quienes se dedicaban a esta ocupación eran casi todos tipos muy especiales; veíanse entre ellos algunos vejetes que casi no podían con el fusil descompuesto que penosamente cargaban, o con la mellada charrasca que ruidosamente arrastraban.
 

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