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El mundo del revés y el revés del mundo

por Gustavo Carbone (Director del diario "El Día" de Gualeguaychu - Entre Ríos).

Estos últimos tiempos, y en realidad en todos los tiempos, escuchamos a nuestros gobernantes decir que las Pymes serán el motor fundamental del crecimiento de este país. En realidad, serán uno de los tractores que nos saquen del pantano en el que nos encontramos y del que ellos (gobernantes pasados y presentes) son los máximos responsables, precisamente por estar dotados de una alta dosis de irresponsabilidad, desconocimiento y también en algunos casos algún interés debidamente aceitado.

Lo cierto es que las frases grandilocuentes pasan ya de la estupidez de la desidia burocrática, y aterrizan en la inacción total. Y lo que es peor, le causan, a quienes deseamos producir y trabajar más y mejor, cada vez mayores dificultades y tropiezos en la actividad diaria. En el caso nuestro, podrán los lectores apreciar un sorpresivo cambio en el tipo de papel usado para esta edición. Este cambio es absolutamente provisorio y forzado. Forzado por las circunstancias del "mercado".

Ese mercado nacional de papel, tan fácilmente manejado por grupos monopólicos, que de tanto en tanto suelen ahogar, particularmente a diarios del interior del país. Ahora no sólo fijan los aumentos de precios cuando quieren (Papel Prensa y Papel de Tucumán) en porcentajes que se vuelven asfixiantes. También mueven la maquinaria burocrática gracias a su propio poder, y hacen que existiendo papel de diario importado en numerosos depósitos, no podamos acceder el 90 por ciento de las empresas gráficas, si no estamos inscriptos en el RISE (Registro de Importaciones del Sector Editorial).

Una movida que obliga a un engañoso trámite, para poder acceder a la "compra" de ese papel importado, por otra parte sumamente caro de origen canadiense, sudafricano o chileno. Cuando estamos en crisis de retroceso y deterioro de nuestra actividad, no se esbozó, al igual que en todas las actividades del país ninguna solución. Por el contrario, la serie de medidas absurdas nos azotaron contra el fondo del abismo. Ahora que existe mayor demanda de actividad, nos dejan a expensas de los grandes intereses de todo tipo. No queremos subsidios, privilegios ni regalos de ningún tipo.

Sólo aspiramos a tener reglas claras que nos permitan pensar, planificar y ejecutar acciones que logren sortear estos años de declinación y miseria. Simplemente queremos trabajar y producir más y mejor. Nada más y nada menos.

En Argentina parece que la visión es al revés del mundo. Si vamos para abajo, desde arriba nos empujan, si pretendemos ponernos de pie nos apedrean para que no podamos reaccionar. De todas formas estamos dispuestos a sortear este tipo de maniobras, como siempre lo hemos hecho, en un camino tan plagado de problemas y de dificultades como es el de sostener en pie, fuentes de trabajo de decenas de familias y aunque sigan existiendo corporaciones, empresas, reparticiones, burócratas y sinvergüenzas que colocan piedras en el camino permanentemente. El mundo al revés.

Algún día, la Argentina será lo que debe ser, ganará el que trabaje y perderá el usurero y especulador.


EXCLUSIVO


Kennedy quería negociar con Fidel Castro

Por Frank Martin (World Data Service - 26/11/03)

Un documento oficial divulgado en Washington prueba que el asesinato de John F. Kennedy en Dallas en noviembre de 1963 cercenó la posibilidad de que el presidente norteamericano comenzara un diálogo con el gobierno de Cuba encabezado por Fidel Castro.

El dato respalda denuncias de investigadores isleños según las cuales Kennedy fue víctima de una conspiración en la que participaron cubanos anticastristas enojados con el mandatario por su supuesta "debilidad" y errores hacia Cuba en el propósito de destruir la revolución que había triunfado en la Isla en enero de 1959.

De acuerdo con el documento divulgado por el Archivo de Seguridad Nacional (NSA) -transcripción de una grabación de una charla entre Kennedy y su asesor de Seguridad Nacional, McGeorge Bundy el 5 de noviembre de 1963 en el Despacho Oval de la Casa Blanca- el mandatario asesinado pocos días después autorizó la visita a la Isla de un representante de su administración.
  
Se trataba del diplomático William Attwood, el segundo del embajador ante las Naciones Unidas Adlai Stevenson, quien fue durante la conversación descrita, autorizado  para viajar a La Habana a celebrar una entrevista con Castro.
  
Kennedy indicó en esa conversación que debería suspenderse al embajador de la plantilla de sueldos del gobierno, de manera que la Casa Blanca pudiese negar toda responsabilidad si el encuentro salía a la luz pública.
  
Sin embargo, menos de 20 días después de ese encuentro en la Casa Blanca, el presidente fue asesinado en Dallas y la visita de Attwood a La Habana nunca llegó a efectuarse.
  
Un conjunto de documentos divulgados junto a la grabación prueban además de que las gestiones secretas entre Kennedy y Castro habían comenzado con anterioridad. Uno de los memorandos fechado el 4 de marzo de 1963, ahora publicado,  revela que John F. Kennedy estaba interesado en negociar con Cuba. Según ese documento, el entonces presidente de Estados Unidos ordenó a sus colaboradores que "empiecen a pensar de forma más flexible" sobre la Isla.
  
Otro memorando citado por despachos de prensa desde Washington, está fechado el 11 de abril de 1963 y describe opciones sobre Cuba preparadas por Gordon Chase, entonces especialista en América Latina del Consejo de Seguridad Nacional. En este se recomendaba "la consideración seria de la otra cara de la moneda, cortejar en silencio para traer a Castro a nuestro lado".
  
Otra revelación es que en las labores de intermediar entre La Habana y Washington en esa época jugó un papel la periodista Lisa Howard, de la cadena norteamericana ABC de televisión.
  
"Fidel Castro está dispuesto a considerar un acercamiento", dijo el 1 de mayo de 1963, Howard en una conversación con el entonces subdirector de la Agencia Central de Inteligencia, Richard Helms.
  
En septiembre de ese mismo año, Howard ofreció una fiesta en su apartamento en Manhattan a la que asistió el embajador cubano ante la ONU, Carlos Lechuga, y en la cual se discutió la posibilidad de conversaciones formales entre Washington y La Habana, según la documentación.
  
Los documentos dejan claro que el asesor de Seguridad Nacional de Kennedy informó a Attwood el 13 de noviembre sobre la autorización otorgada por Kennedy para su reunión secreta en La Habana, aunque el presidente prefirió que el encuentro se hiciese en la sede de la ONU "donde había menos probabilidades de que llamara la atención de la prensa", según las revelaciones.
  
El especialista del Consejo de Seguridad, Chase, envió un memorando el 19 de noviembre al asesor presidencial Bundy sobre los arreglos para la reunión secreta que debía realizarse en La Habana con los cubanos. Incluso tras la muerte de Kennedy, Chase insistió ante Bundy sobre las posibilidades de continuar los contactos con La Habana.
  
Otro dato de interés que revelan los documentos publicados es que el 12 de febrero de 1964, la periodista Howard comunicó a la Casa Blanca un mensaje de Fidel Castro al gobierno de Lyndon Johnson en el cual el líder cubano expresaba su esperanza de que Cuba y Estados Unidos puedan, eventualmente, "dialogar en una atmósfera de buena voluntad y respeto mutuo para negociar nuestras diferencias".
  
El gobierno cubano, históricamente, siempre ha afirmado que está dispuesto a discutir sus diferencias con Estados Unidos siempre que exista respeto mutuo. Sin embargo, las administraciones norteamericanas posteriores a la de Kennedy -exceptuando quizá la de James Carter en la década de los años 70- decidieron ignorar esa posición cubana y continuar con una cadena de presiones y acciones agresivas en el marco de un bloqueo que se prolonga ya por más de 40 años.
  
En el caso de Kennedy, dirigentes e investigadores cubanos han reiterado que los cubanos anticastristas más extremistas y residentes en Estados Unidos habían acusado al presidente de traicionarlos en sus intentos de derrocar a Castro.
  
Las rencillas de esas personas contra John F. Kennedy había crecido con el fracaso del ataque de Bahía de Cochinos, el cual no recibió un apoyo final total militar de fuerzas estadounidenses, y por el resultado de la Crisis de los Cohetes, o de Octubre, en 1962, que pese a sus soluciones complejas y controvertidas, no llevó a Kennedy a invadir la Isla.
  
Los documentos de esta manera fortalecen las denuncias cubanas sobre el asesinato de Kennedy en Dallas, Texas.
  
Un nuevo libro cubano anunciado en La Habana la semana pasado al cumplirse 40 años del magnicidio sostiene que ese atentado fue el resultado de un complot en el cual participaron "oficiales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), mafiosos y cubanos contrarrevolucionarios".
  
El volumen titulado 1963 El Complot, del general retirado de la Inteligencia cubana Fabián Escalante y que será distribuido en diciembre próximo sostiene que la CIA, entonces, proyectaba asesinar al líder cubano, Fidel Castro,  e inculpar al gobierno isleño del magnicidio en Dallas, Texas.
  
Según declaraciones de Escalante  ese último pretexto "sería utilizado para justificar una invasión militar a la Isla"
  
El autor sostiene que los fracasos del gobierno de Kennedy en derrocar a Castro mediante la invasión militar de Bahía de Cochinos (Playa Girón), el desenlace de la Crisis de Octubre y finalmente el cambio a Estados Unidos por alimentos para niños de los cubanoamericanos participantes en la invasión de Girón "fueron el detonante para que los dirigentes del exilio contrarrevolucionario cubano, declararan al presidente Kennedy traidor a su causa, particularmente aquel año en que éste proyectaba, ante los fracasos sufridos, una alternativa no militar al conflicto que ya duraba cuatro años".



MÚSICA

 Jazz joven en La Habana
 
Por Laura Mendoza (La Habana - World Data Service - 26/11/03)

Con la buena nueva de que estudiantes norteamericanos de la Escuela Washington y afamados instrumentistas de otros países cruzarán lanzas con la más reciente hornada de jazzistas cubanos, comienza hoy en La Habana la sexta edición del Jo Jazz, evento competitivo destinado a premiar lo mejor de este ritmo, tocado por los más jóvenes.

Durante cuatro días en el teatro Amadeo Roldán, 17 músicos se someterán al concurso, cuyo jurado está presidido por el pianista cubano Jesús Chucho Valdés, una de las luminarias más solicitadas en todos los clubes jazzísticos del mundo y promotor del internacional Festival Jazz Plaza que ha logrado reunir en la capital de la Isla a estrellas de la talla del trompetista Roy Hardgrove, el saxofonista Steve Coleman y el veterano percusionista Max Roach, entre otros.

Este año el Jo Jazz, cuyo premio para los triunfadores consistirá en la grabación de un CD a cargo de la casa editora EGREM, está dedicado al grupo Irakere, fundado en 1973 por Chucho Valdés y ganador, seis años más tarde, del primer Grammy concedido a una agrupación cubana.
  
De la Escuela Washington, en Los Angeles, vienen los saxofonistas Kaschia Potter y Félix Oquendo, y el pianista y trompetista Jeremy Jaffers. Pero lo más sonado del programa sin dudas lo constituirá el bajista Al McKaibbon, quien tocó junto a los legendarios Chano Pozo y Dixie Gillespie, cuando a finales de la década del 40 del siglo 20 grabaron Manteca, tema con el que el tamborero cubano acabó por afianzarse como el gestor de lo que ahora se conoce como Cuban African Jazz.
  
Entre los consagrados cubanos invitados a la cita estará el trompetista José Miguel Greco, acompañado por la banda Top Secret, quienes se presentarán los dos últimos días del Jo Jazz en el Piano Bar  Delirio Habanero del Teatro Nacional.
  
Otros grandes convocados a La Habana serán el pianista africano residente en Estados Unidos Alex Wilson, quien además de dar un concierto, impartirá un taller el próximo 29. También está programada la actuación de la pianista Chantal Estell, de Trinidad y Tobago.
  
De larga tradición en Cuba, una de las tres potencias del jazz junto a Estados Unidos y Brasil, este ritmo nació a finales de la centuria del 19 en Nueva Orleans, de los dedos del pianista negro afrancesado Jelly Roll Morton.
  
En 2000, año del centenario de Louis Amstrong, la décimo novena edición del Festival Jazz Plaza, rindió homenaje al trompetista en un programa en el cual brillaron 12 músicos norteamericanos encabezados por Roach y Hardgrove, este último por ese entonces acababa de conseguir un Grammy con su disco Havana en el que participó Chucho Valdés.
  
No fue aquella la primera ocasión en la que el Jazz Plaza de La Habana dedicó su jornada a músicos norteamericanos en franco reconocimiento a su maestría. En 1998, año en que el evento dejó de ser anual para espaciar su cita en frecuencias bienales, el festival de jazz estuvo dedicado al octogenario Roach, quien apareció a última hora sobre el drums en una actuación de archivo.
  
Ese año la capital cubana, que desde 1997 tiene su versión criolla de los clubes jazzisticos europeos y estadounidenses con la reapertura de La Zorra y el Cuervo en la principal arteria urbana habanera, la calle 23, la ciudad recibió la más numerosa embajada musical norteamericana en la que destacaban Jack De Jonette, drumer de la banda del bajista Keith Jarret, los músicos Phierry Eliez, Ramsey Lewis y Steve Turre y el conjunto Douglas Ewart.
  
La Zorra y el Cuervo, abierto por primera vez en 1957, ha tenido entre sus concurrentes a celebridades mundiales como Jack Nicholson, Matt Dillon, George Benson y Winton Marsalis, y en su segunda etapa ha servido de plataforma para lanzar a promesas del potente movimiento jazzístico cubano, que en los años 30 y 40 inoculó el "tumbao" latino en los salones de la Gran Manzana, con Chico OFarril, Mario Bauzá y Chano Pozo.
 

LA GUERRA EN IRAK

Irak: EEUU se polariza en torno a la guerra en Irak

Por Ariel Florit (World Data Service - 26/11/03)

Uno de los efectos de la invasión y ocupación de Iraq por el gobierno de George W. Bush es una polarización de criterios políticos en Estados Unidos sobre esa guerra que solo puede compararse a la división nacional que causó el conflicto bélico en Vietnam.
  
La nueva división del país en torno a una guerra no es notable solamente a partir de las protestas antibélicas o de grupos radicales de izquierda, sino también en los abismos que se abren entre la administración Bush acompañada por los intereses políticos y económico de ultraderecha que la respaldan, y sectores liberales, también dentro del Partido Demócrata y hasta del Republicano, ofendidos por los objetivos y los resultados de la ocupación de Iraq.
  
Un ejemplo de esa polarización la reflejó un trabajo publicado en Estados Unidos por el analista Lance Tapley, el cual se basa en la suspensión hasta la primavera próxima de una conferencia supuestamente organizada por la Universidad de Maine y la Universidad Sureña de Maine a celebrarse originalmente este noviembre bajo el título de "Haciendo negocios en Iraq".
  
Según Tapley, en realidad la cita fue preparada por corporaciones decididas a aprovechar la invasión estadounidense al territorio iraquí para hacer buenos negocios, y por políticos cercanos a Bush vinculados a su política, descrita por sus críticos como fascista.
  
La conferencia tuvo que ser cancelada por las protestas de grupos pacifistas en Maine, que la relacionaron debidamente como un intento para organizar y defender la explotación corporativa norteamericana de Iraq.
  
Aunque los organizadores afirmaron que la suspensión se debió a que dos funcionarios norteamericanos destacados en Iraq no pudieron asistir, Tapley afirma que esta se debió a que se querían evitar manifestaciones en contra, ante su sede en el salón de conferencias Black Point Inn.
  
Los organizadores de la cita rechazaron la versión de que esta fue pospuesta por temor a las protestas, y señalaron que no encontraban mal tratar sobre negocios estadounidense en el país ocupado.  Quienes rechazaron la realización del encuentro dijeron que esas inversiones no serían tales, sino una explotación "al estilo de los buitres" de una nación ocupada bélicamente.
  
Tapley sostuvo en su artículo que el acontecimiento es un ejemplo de la polarización en Estados Unidos en torno a Iraq, que ha unido a la denominada izquierda norteamericana, como pasó durante el conflicto en Vietnam, contra la guerra.  
  
Tan profunda se está tornando la división, según el especialista, que amplias áreas del Partido Demócrata parecen decididas a basar sus campañas electorales con vistas en las elecciones de noviembre de 2004 en la necesidad de cambiar el rumbo de la nación, ahora en una vía de ultraderecha.
  
Ello ha ocurrido a causa de que el gobierno de Bush está trabajando abiertamente por favorecer a las grandes corporaciones estadounidenses a partir de la permanencia militar en Iraq.
  
Algunos de los documentos gubernamentales sobre el asunto iraquí delinean claramente ese objetivo. Entre estos está "La comprensión del Proceso de Contratación y Reconstrucción de Iraq", un documento cuyo autor es la Subsecretaría de Defensa de Estados Unidos, y "Apoyando el proceso de inversiones en Iraq de la entidad federal "Overseas Private Investment Corporation (OPIC)", la cual garantiza préstamos a compañías norteamericanas que inviertan en "países inestables" con gobiernos respaldados por Washington.
  
Esos documentos iban a servir como base de discusión en la conferencia de Maine.
  
Estaban invitadas figuras como Caspar Weinberger, ex Secretario de Defensa durante el gobierno de Ronald Reagan, y considerado como uno de los ideólogos de ultraderecha del Partido Republicano, y quien fuera acusado, y perdonado por George Bush padre, por su complicidad en el escándalo Irán-Contra.
  
El analista Lance Tapley aseguró que para las universidades involucradas habría sido muy difícil organizar una conferencia con semejante atención.
  
En realidad la conferencia fue respaldada por un coauspiciador muy poderoso, la Alianza de negocios Estados Unidos-Iraq, una organización que tiene su sede en las a fuerzas de Washington DC.
  
El fundador de tal entidad de solo 40 miembros es Dennis Sokol, un exitoso hombre de negocios.
  
La Alianza está empeñada en llevar a cabo una serie de eventos como el programado para Maine, en varias ciudades, entre estas Londres, y terminar con una exposición comercial en Bagdad en noviembre de 2004.
  
El encuentro de la capital británica se llevó a cabo en octubre último y a este asistieron representantes de corporaciones tan poderosas como la Exxon Mobil y la Delta, entre otras firmas.
  
Muchos de los disertantes asistentes a esa conferencia, debieron participar también en la prevista para Maine.
  
La reunión londinense atrajo protestas antibélicas. El diario The Guardian dijo entonces al respecto que los manifestantes también rechazaron el hecho que "una economía neoliberal está siendo impuesta en los países más pobres sin ningún antecedente respetable y sin proceso democrático alguno".
  
Las agrupaciones que se preparaban para protestar contra la cita de Maine sostuvieron en una carta a la prensa que la invasión de Iraq tiene como único objetivo hacer más seguros "los mercados libres y el comercio libre" en beneficio de Estados Unidos.
  
Denunciaron que ese país está siendo vendido a inversionistas extranjeros sin ningún consentimiento de algún gobierno iraquí constituido.
  
"Los fascistas están vivos y ahora viven en la Casa Blanca" dijo Leslie Manning, un sindicalista vinculado al movimiento pacifista.  
  
Las filas del Partido Demócrata parecen también permeadas por sentimientos fuertes en contra de Bush.
  
El senador John Kerry, por Massachusetts y el ex gobernador de Vermont Howard Dean, ambos candidatos presidenciales, han criticado públicamente las gestiones del "capital privado" norteamericano en Iraq.
  
Kerry expresó al respecto que parte del problema en Iraq es "la percepción que existe sobre el objetivo de esa ocupación estadounidense". "Es una mala señal que el electorado vea al presidente Bush haciendo una campaña a favor de la permanencia en Iraq con criterios de tendero", subrayó.
 
Por su parte, el legislador Tom Allen, uno de los líderes del congreso, comentó que "es una idea sorprendente que se promueva a Iraq como un lugar para hacer negocios. No tienen en cuenta que la opinión pública norteamericana está cada vez más enojada por la creciente violencia de esa ocupación".


 

OPINIÓN

Inseguridad y sociedad derrotada

Por Juan Carlos Sánchez (www.politicaydesarrollo.com.ar)

John F. Kennedy no murió por las balas sino por su confianza en la sociedad que conducía. Jamás creyó en un atentado solamente por disenso, ni que le estaba vedado a un presidente norteamericano, por razones de seguridad, visitar cualquier ciudad del territorio. Quizá se negó a aceptarlo y pagó con su vida porque, si claudicaba en su confianza, iniciaría el camino hacia el autoritarismo y los cerrojos y una sociedad así, no merecía ser vivida.

Y desde que Kennedy murió, la sociedad norteamericana comenzó el doloroso tránsito hacia la prepotencia. Continuó la guerra de Vietnam al precio que todos conocemos, invadió naciones, derrocó gobiernos, impuso la Doctrina de la Seguridad Nacional, globalizó la insolidaridad y hoy está haciendo lo suyo en Bagdad.

¿Hubiera sido distinta la historia de los EUA si K. no hubiera muerto? No lo sabemos pero quizá sí. De lo que estamos seguros es de que, de no haberse ejercido esa violencia, la sociedad norteamericana y su concepto del mundo desde su perspectiva hegemónica, hubiera sido diferente. Los EUA como sociedad (hacia adentro) y como pueblo (hacia afuera, hacia los otros pueblos), había quebrado.

En 1955, cuando el entonces presidente argentino Juan Domingo Perón partió hacia el exilio, sucedieron varios acontecimientos simultáneos. Fue derrocado un dirigente reteniendo la masiva adhesión y esperanzas de su pueblo; al abandonar el gobierno pudiendo resistir (renunciando a convocar a las FFAA leales y al pueblo a defenderlo), renunció a la violencia y como síntoma del quiebre argentino, se inició la era más violenta de la historia nacional. ¿Por renunciar a la violencia Perón sigue vigente?

De allí en adelante, el país fue en caída libre, con altibajos, pero que hoy estamos mucho peor que en 1955, nadie puede negarlo, ni los opositores a ultranza. La sociedad argentina quebró y la violencia se adueñó de su territorio. Las hubo de todo tipo, políticas, institucionales, delirantes, de sobrevivientes. El precio hacia adentro que pagamos todos, fue perder la identidad, los valores, las instituciones, la dirigencia, la esperanza, la alegría de vivir. Hacia afuera, perdimos la confianza y el respeto. En el mundo son muchos los que desean conocer Buenos Aires, el glaciar Perito Moreno o la Quebrada de Humahuaca; muchos más que gustan del tango o de leer a Borges, pero...

...Pero... Según dice Fernando Laborde (La Nación, 22/11/03), "en los años '90, Argentina captaba el 33% de la inversión extranjera directa dirigida hacia América Latina; hoy, apenas capta el 3%". En síntesis: no somos confiables.

Hace dos años y parece un siglo, Fernando de la Rúa era derrocado por una sociedad violada y violenta. ¿Algunos de los violentos de hace dos años están o estuvieron en el gobierno? No es necesario acudir a los archivos para saberlo, con la sola memoria cercana alcanza. La sociedad argentina continuaba quebrando. Su democracia, sus instituciones, no lograron consolidarse desde aquél 1955 violento y a la menor chispa, ardieron.

Hoy vivimos en la inseguridad. Jurídica, política, física. La Nación se debate entre sus contradicciones y marcha sin rumbo. Piquetes salteños destrozan una fuente laboral y obtienen una audiencia con el Jefe de Gabinete; dirigentes de desocupados desde la sede gubernamental instan a defender con las armas un gobierno que les es funcional, de otros desocupados con quienes, hasta ayer, compartían las calles y la lucha; el Presidente de la Nación convoca desde el sur santafesino a todos a ayudarlo a luchar contra la corrupción de las corporaciones (políticas, de negocios, etc.) y promueve un acuerdo llamado ALCA con lo peor de entre las peores y más voraces corporaciones de América. ¿Puede haber sucedido ya que la sociedad quebrada de Argentina esté derrotada? ¿Quedan aún posibilidades para que desde las ideas, surja algo novedoso que la salve? O, por el contrario y a partir de ahora... ¿solamente palos?

Calmada (no terminada, Bolivia y Venezuela son un ejemplo cercano) la etapa histórica de la violencia armada (el asesinato de Kennedy, el derrocamiento de Perón y los fusilamientos siguientes, el terrorismo setentista y la desequilibrada respuesta militar) para dirimir cuestiones internas de una Nación, ¿a qué mecanismo recurrirá el sometedor para someter a quien quiere someter? Quizá a las dualidades de su dirigencia, a la inconsistencia de los proyectos, a los aparatos y operativos de prensa, al doble o triple discurso confuso, a las alianzas transitorias entre débiles, a la creación de "guardias de corps" de clientes marginales, al efectismo y al final, si no son detenidos a tiempo los operadores de este modelo perverso, a la entrega definitiva de las potencias de la Patria.

Hoy pareciera que solamente queda como argumento a la seguridad (hay que repetirlo: la jurídica, la política, la física), la violencia. La fuerza opuesta a la fuerza. Es triste, porque así se abandona la posibilidad de generar algo nuevo, mejor que lo anterior pero fundado en lo viejo, en lo que fue bueno de lo viejo, digamos, y que aún está guardado profundamente en el "resto" del pueblo, "resto" que es reserva y esperanza tímida que no se anima a aflorar todavía.


 EDITORIAL 

¿Para qué sirve la democracia?

 Por Roberto C. Neira

 
Mucho se ha escrito sobre la democracia. Críticas, análisis, opiniones -iguales o encontradas- se fueron plasmando en libros, escritos, ensayos, documentos que se acumulan por pilas en cualquier biblioteca del planeta. 
 
Pero como cualquier sistema perfectible, cuando las respuestas de los gobernantes no llegan a la mayoría de los integrantes de la sociedad, muchos comienzan a preguntarse para qué sirve la democracia.
 
A pesar de la implantación de un sistema político por el cual el pueblo ejerce la soberanía por sí mismo, sin mediación de un órgano representativo (democracia directa) o por medio de intermediarios (democracia representativa), con democracia o sin ella, el mundo siguió andando durante siglos y siglos.
 
En la Grecia antigua, la elección, el principio básico de la democracia, ocupaba solo un lugar secundario, Se prefería  recurrir a la suerte para designar a los magistrados y a los altos funcionarios, por un tiempo relativamente corto, a fin de permitir a los ciudadanos, por una rotación de funciones, ejercer por turno una función gubernamental.
 
Los gobernados que asistían regularmente tenían también una participación directa en las decisiones gubernamentales.
 
En el siglo XVII, el principio de la elección fue reforzado por la teoría de la representación nacional, pero no fue hasta el siglo XIX que la lucha por las ideas democráticas se confundió con la lucha por el sufragio universal.
 
Desde entonces, democracia y elección fueron indisolubles, y, posteriormente, se asoció régimen liberal a democracia: un régimen en que los ciudadanos se benefician de igual modo de las libertades públicas fundamentales.
 
Pero en la práctica, la realidad ha sido otra, pues, si, en derecho, la democracia ha adquirido una legitimidad incuestionable, de hecho lleva a sistemas políticos diferentes y a veces opuestos e imperfectos.
 
Hay una razón para que esto suceda y es la propia naturaleza humana. El hilo conductor del desarrollo del hombre ha sido su propio impulso, su intelecto, su desarrollo mental, el aprendizaje y la adaptación al medio natural (que siempre resultó ser un enemigo a quien debía enfrentar y vencer), lo que le permitió ir encontrando distintas fórmulas de convivencia.
 
Desde su aparición sobre la Tierra el hombre decidió fijar sus propias reglas de juego. A cada paso, desde la prehistoria hasta nuestros días, su vida, en principio nómada, individual, buscó, por razones de supervivencia, agruparse en tribus. En la era moderna ese proceso culminó con la "familia" y las familias fueron las que conformaron las "sociedades".
 
La democracia sólo ha servido para ir fijando a las sociedades algunas reglas de convivencia políticas, sociales y culturales. 
 
Pero las sociedades no son tan dueñas de sus destinos que pueden escapar a las consecuencias de sus propias empresas. En esta "aldea global" en la que vivimos, existen dos polos que permanentemente se entrecruzan: el libre albedrío del hombre y la fatalidad histórica, es decir, esa fuerza de las cosas que el hombre mismo ha creado, que resulta de hechos consumados por él, pero de la que ninguna sabiduría puede prever todos los efectos, de la que ninguna voluntad puede dominar las consecuencias.
 
La fatalidad histórica viene envolviéndonos en su complejo tejido desde los albores de la república, y sería imperdonable seguir engañándonos a nosotros mismos, silenciando sus abrumadoras consecuencias. Porque en gran parte esa fatalidad fue creada gracias a nuestro abandono y nuestra ignorancia.
 
De modo que no podemos ahora cargar las tintas en la democracia ante la incapacidad de resolver los problemas que hemos creado.
 
En democracia, las instituciones funcionan: existe un congreso que dicta las leyes, un presidente que administra y conduce los destinos del país, funcionarios que lo acompañan, jueces y todo lo demás. No es tema de este análisis discutir si lo hacen bien o mal, porque la actitud de transgredir las leyes o evitarlas pertenecen a un modo de comportamiento humano, más allá de la democracia. De hecho, la transgresión de las leyes está penada por la ley.
 
Sin democracia, las reglas las imponen los autoritarios.
 
Un sistema anárquico, donde reina el desorden y la confusión, impondría la libertad absoluta y la espontaneidad individual, pero ¿cuáles serían las reglas de conducta, las normativas que fijen los límites para que los individuos no se transformen en caníbales?.
 
Sin el continuo batallar de las opiniones encontradas, sin la responsabilidad permanente de los gobernantes ante una opinión organizada como poder, no hay ni puede haber gobierno bueno, aunque sean excelentes los hombres que lo desempeñen.
 
Por eso, el predominio de los intereses individuales sobre las necesidades sociales, hace indispensable la existencia del sistema democrático para preservar la sociedad.
 
El resto, es, naturalmente, cumplir con sinceridad y en toda su plenitud con las instituciones republicanas que hemos adoptado...