El mundo del revés y el revés del mundo
por Gustavo Carbone (Director del diario "El Día" de Gualeguaychu - Entre Ríos).
Estos últimos tiempos, y en realidad en todos los tiempos, escuchamos a nuestros gobernantes decir que las Pymes serán el motor fundamental del crecimiento de este país. En realidad, serán uno de los tractores que nos saquen del pantano en el que nos encontramos y del que ellos (gobernantes pasados y presentes) son los máximos responsables, precisamente por estar dotados de una alta dosis de irresponsabilidad, desconocimiento y también en algunos casos algún interés debidamente aceitado.
Lo cierto es que las frases grandilocuentes pasan ya de la estupidez de la desidia burocrática, y aterrizan en la inacción total. Y lo que es peor, le causan, a quienes deseamos producir y trabajar más y mejor, cada vez mayores dificultades y tropiezos en la actividad diaria. En el caso nuestro, podrán los lectores apreciar un sorpresivo cambio en el tipo de papel usado para esta edición. Este cambio es absolutamente provisorio y forzado. Forzado por las circunstancias del "mercado".
Ese mercado nacional de papel, tan fácilmente manejado por grupos monopólicos, que de tanto en tanto suelen ahogar, particularmente a diarios del interior del país. Ahora no sólo fijan los aumentos de precios cuando quieren (Papel Prensa y Papel de Tucumán) en porcentajes que se vuelven asfixiantes. También mueven la maquinaria burocrática gracias a su propio poder, y hacen que existiendo papel de diario importado en numerosos depósitos, no podamos acceder el 90 por ciento de las empresas gráficas, si no estamos inscriptos en el RISE (Registro de Importaciones del Sector Editorial).
Una movida que obliga a un engañoso trámite, para poder acceder a la "compra" de ese papel importado, por otra parte sumamente caro de origen canadiense, sudafricano o chileno. Cuando estamos en crisis de retroceso y deterioro de nuestra actividad, no se esbozó, al igual que en todas las actividades del país ninguna solución. Por el contrario, la serie de medidas absurdas nos azotaron contra el fondo del abismo. Ahora que existe mayor demanda de actividad, nos dejan a expensas de los grandes intereses de todo tipo. No queremos subsidios, privilegios ni regalos de ningún tipo.
Sólo aspiramos a tener reglas claras que nos permitan pensar, planificar y ejecutar acciones que logren sortear estos años de declinación y miseria. Simplemente queremos trabajar y producir más y mejor. Nada más y nada menos.
En Argentina parece que la visión es al revés del mundo. Si vamos para abajo, desde arriba nos empujan, si pretendemos ponernos de pie nos apedrean para que no podamos reaccionar. De todas formas estamos dispuestos a sortear este tipo de maniobras, como siempre lo hemos hecho, en un camino tan plagado de problemas y de dificultades como es el de sostener en pie, fuentes de trabajo de decenas de familias y aunque sigan existiendo corporaciones, empresas, reparticiones, burócratas y sinvergüenzas que colocan piedras en el camino permanentemente. El mundo al revés.
Algún día, la Argentina será lo que debe ser, ganará el que trabaje y perderá el usurero y especulador.
Kennedy quería negociar con Fidel
Castro
Irak: EEUU se
polariza en torno a la guerra en Irak
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Inseguridad y sociedad derrotada Por Juan Carlos Sánchez (www.politicaydesarrollo.com.ar) John F. Kennedy no murió por las balas sino por su confianza en la sociedad que conducía. Jamás creyó en un atentado solamente por disenso, ni que le estaba vedado a un presidente norteamericano, por razones de seguridad, visitar cualquier ciudad del territorio. Quizá se negó a aceptarlo y pagó con su vida porque, si claudicaba en su confianza, iniciaría el camino hacia el autoritarismo y los cerrojos y una sociedad así, no merecía ser vivida. Y desde que Kennedy murió, la sociedad norteamericana comenzó el doloroso tránsito hacia la prepotencia. Continuó la guerra de Vietnam al precio que todos conocemos, invadió naciones, derrocó gobiernos, impuso la Doctrina de la Seguridad Nacional, globalizó la insolidaridad y hoy está haciendo lo suyo en Bagdad. ¿Hubiera sido distinta la historia de los EUA si K. no hubiera muerto? No lo sabemos pero quizá sí. De lo que estamos seguros es de que, de no haberse ejercido esa violencia, la sociedad norteamericana y su concepto del mundo desde su perspectiva hegemónica, hubiera sido diferente. Los EUA como sociedad (hacia adentro) y como pueblo (hacia afuera, hacia los otros pueblos), había quebrado. En 1955, cuando el entonces presidente argentino Juan Domingo Perón partió hacia el exilio, sucedieron varios acontecimientos simultáneos. Fue derrocado un dirigente reteniendo la masiva adhesión y esperanzas de su pueblo; al abandonar el gobierno pudiendo resistir (renunciando a convocar a las FFAA leales y al pueblo a defenderlo), renunció a la violencia y como síntoma del quiebre argentino, se inició la era más violenta de la historia nacional. ¿Por renunciar a la violencia Perón sigue vigente? De allí en adelante, el país fue en caída libre, con altibajos, pero que hoy estamos mucho peor que en 1955, nadie puede negarlo, ni los opositores a ultranza. La sociedad argentina quebró y la violencia se adueñó de su territorio. Las hubo de todo tipo, políticas, institucionales, delirantes, de sobrevivientes. El precio hacia adentro que pagamos todos, fue perder la identidad, los valores, las instituciones, la dirigencia, la esperanza, la alegría de vivir. Hacia afuera, perdimos la confianza y el respeto. En el mundo son muchos los que desean conocer Buenos Aires, el glaciar Perito Moreno o la Quebrada de Humahuaca; muchos más que gustan del tango o de leer a Borges, pero... ...Pero... Según dice Fernando Laborde (La Nación, 22/11/03), "en los años '90, Argentina captaba el 33% de la inversión extranjera directa dirigida hacia América Latina; hoy, apenas capta el 3%". En síntesis: no somos confiables. Hace dos años y parece un siglo, Fernando de la Rúa era derrocado por una sociedad violada y violenta. ¿Algunos de los violentos de hace dos años están o estuvieron en el gobierno? No es necesario acudir a los archivos para saberlo, con la sola memoria cercana alcanza. La sociedad argentina continuaba quebrando. Su democracia, sus instituciones, no lograron consolidarse desde aquél 1955 violento y a la menor chispa, ardieron. Hoy vivimos en la inseguridad. Jurídica, política, física. La Nación se debate entre sus contradicciones y marcha sin rumbo. Piquetes salteños destrozan una fuente laboral y obtienen una audiencia con el Jefe de Gabinete; dirigentes de desocupados desde la sede gubernamental instan a defender con las armas un gobierno que les es funcional, de otros desocupados con quienes, hasta ayer, compartían las calles y la lucha; el Presidente de la Nación convoca desde el sur santafesino a todos a ayudarlo a luchar contra la corrupción de las corporaciones (políticas, de negocios, etc.) y promueve un acuerdo llamado ALCA con lo peor de entre las peores y más voraces corporaciones de América. ¿Puede haber sucedido ya que la sociedad quebrada de Argentina esté derrotada? ¿Quedan aún posibilidades para que desde las ideas, surja algo novedoso que la salve? O, por el contrario y a partir de ahora... ¿solamente palos? Calmada (no terminada, Bolivia y Venezuela son un ejemplo cercano) la etapa histórica de la violencia armada (el asesinato de Kennedy, el derrocamiento de Perón y los fusilamientos siguientes, el terrorismo setentista y la desequilibrada respuesta militar) para dirimir cuestiones internas de una Nación, ¿a qué mecanismo recurrirá el sometedor para someter a quien quiere someter? Quizá a las dualidades de su dirigencia, a la inconsistencia de los proyectos, a los aparatos y operativos de prensa, al doble o triple discurso confuso, a las alianzas transitorias entre débiles, a la creación de "guardias de corps" de clientes marginales, al efectismo y al final, si no son detenidos a tiempo los operadores de este modelo perverso, a la entrega definitiva de las potencias de la Patria. Hoy pareciera que solamente queda como argumento a la seguridad (hay que repetirlo: la jurídica, la política, la física), la violencia. La fuerza opuesta a la fuerza. Es triste, porque así se abandona la posibilidad de generar algo nuevo, mejor que lo anterior pero fundado en lo viejo, en lo que fue bueno de lo viejo, digamos, y que aún está guardado profundamente en el "resto" del pueblo, "resto" que es reserva y esperanza tímida que no se anima a aflorar todavía. |
¿Para qué sirve la democracia?
Por Roberto C. Neira