EDICIÓN ESPECIAL Nº 53

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Newsletter semanal - Año 3 - Nº 53 - 20 de marzo de 200

ditor: Roberto C. Neira


"La guerra es un oprobio de la especie humana y una negación completa de la civilización"

(Juan Bautista Alberdi - Político y filósofo argentino - 1810/1884)


Autorizada la reproducción mencionando la fuente.

 

Otra vez la guerra...

 

Escribe Roberto C. Neira  

 La guerra exterior es históricamente aplicada desde Washington cada vez que algún problema económico los toma por sorpresa y provoca la caída de sus finanzas.

 
Ésta, la de hoy, entre otras cosas, tiene su razón en el petróleo. Ésta... la de hoy, como tantas otras veces, tiene su razón en que la economía de los EE.UU. está en bancarrota, su moneda depreciada y para recuperarse no hay mejor salida que reflotar también el negocio de las armas. 
 
Es tan simple la lectura de estos hechos consumados que no se necesitaría explicación alguna para iniciar este comentario.
 
George W. Bush es el fiel reflejo de una galería de presidentes estadounidenses que por incapacidad intelectual o por cobardía natural, recurren a la guerra para mantenerse en el poder y de esa forma continúan abasteciendo sus negocios familiares y los de sus amigos, aún a pesar del riesgo de producir una hecatombe mundial.
 
Si consideramos la guerra como un crimen y, hay abundante bibliografía sobre el tema que no deja lugar a dudas que "toda guerra es un crimen", podemos observar que ninguno de estos personajes se hizo cargo alguna vez de esos crímenes. 
 
Sin embargo, cuando la guerra era considerada gloria y honor porque los aliados en la Segunda Guerra Mundial liberaron al mundo del nazismo, todos pedían derecho de autor.
 
Cuando se logra, a través de la propaganda, glorificar el crimen de la guerra, es decir cuando se justifica lo injustificable, los gobernantes de las naciones poderosas y sus cómplices, hacen de la guerra la razón de su existencia.
 
La aparición en escena del Tribunal Penal Internacional, inaugurado en La Haya recientemente, habilitado para juzgar el genocidio, los crímenes de guerra y los crímenes contra la Humanidad, aún a pesar de no haber sido refrendado por una veintena de países, entre los que se encuentran Estados Unidos, Rusia y China (por razones obvias), si actuara en forma equitativa para juzgar esos crímenes, debería arrancarles a estos fundamentalistas de la guerra una confesión, para que sea la humanidad quien los juzgue.
 
Pero la realidad, lamentablemente, siempre nos muestra lo contrario.
 
Estos criminales que gobiernan el mundo se retiran, viajan, dan conferencias para contar sus experiencias, viven tranquilamente con sus familias y juegan con sus nietos como si nada hubiera pasado, mientras que gracias a sus decisiones muchos pueblos siguen revolcándose en el dolor, la muerte, el hambre y la destrucción.
 
Por supuesto, también ganan odios... ¿por qué no decirlo? Odios, que después se convierten en otras fórmulas de venganza y en la muerte de otros seres humanos inocentes.
 
Estos asesinos, que no afrontan la responsabilidad de provocar una guerra en soledad, sino que buscan compartirla sea por afectos o negocios comunes con otros iguales, son insensibles a estos detalles, sobre todo, si los hechos se desencadenan bien lejos de su territorio.
 
Las terribles circunstancias que se vivieron en los EE.UU. el 11 de septiembre de 2001, han quedado sepultadas en el olvido y hoy, el nuevo enemigo no es Bin Laden, que evidentemente le ganó la pulseada a Bush, sino un irakí bendecido por las sucesivas administraciones estadounidenses en momentos en que... ¿lo recuerdan? el mundo estaba dividido por la "guerra fría".
 
¿Qué nueva guerra justa nos vienen a vender? ¿Qué cuento de niños se tragaron Blair, Aznar y Berlusconi para apoyar a Bush? Sencillamente, participación y apoyo público a cambio de nuevas dádivas económicas.
 
Acaso, ¿alguno de ellos tuvo la suficiente valentía como para celebrar un referéndum y comprobar si su pueblo estaba o no de acuerdo en participar de una guerra? No, ni siquiera eso. Si hubiera sido así, tendrían que haber desistido y dejar que Bush se las arreglara solo.
 
Es evidente, que quienes hoy gobiernan el mundo no aprendieron la lección de la historia. En realidad, tampoco les importa aprenderla. Se prepararon toda la vida para obtener el poder a cualquier precio y el honor de la gloria de una "guerra justa", según ellos, es lo mejor que les puede pasar en sus vidas.
 
Se trata de una casta de individuos siniestros que llegan al poder gracias a la sinrazón y no se van a responsabilizar por el crimen de la guerra. Peor... si durante cualquier ataque mueren civiles indefensos van a justificarse diciendo que "fue un error de cálculo". Daños colaterales le dicen técnicamente cuando masacran a inocentes...
 
Sabemos que no es fácil castigar a un criminal que está amparado por un ejército de cientos de miles de hombres armados y victoriosos; que vive rodeado por armas destructivas de todo calibre mientras permanece oculto en un bunker buscando la forma de cambiar negocios por sangre. Pero si el castigo material no puede alcanzarlo por encima de sus misiles y blindados, el castigo moral de la opinión pública debería ser definitivo y ante esta posibilidad no puede haber fortaleza que lo proteja.
 
Nerón, Domiciano y Hitler, son asesinos declarados por la sentencia del género humano y condenados a la suerte de los criminales alevosos. Hay una larga lista en la historia de la humanidad que merecen ese calificativo y es muy probable que si se levantaran de sus tumbas y se presentasen ante las generaciones de esta época, serían despedazados por la venganza popular.
 
Pues bien, este agente imponderable como lo es la opinión, que antes necesitaba siglos para concentrarse, hoy se encuentra en un momento ideal. La velocidad de las comunicaciones permiten que el fallo de un jurado popular internacional los declare culpables y los condene por sus crímenes contra la humanidad.
 
Decía Grocio en su obra "De la Guerra y la Paz" que "si la causa de la guerra es injusta, en el caso mismo en que fuese emprendida de una manera legal, todos los actos que nacen de ella son injustos, de una injusticia íntima; de suerte que aquellos que a sabiendas cometen tales actos, o cooperan con ellos, deben ser considerados como perteneciendo al número de los que no pueden llegar al reino celestial sin penitencia.
 
Ahora bien, la verdadera penitencia -según Grocio- si el tiempo y los medios lo permiten, exige absolutamente que aquel que ha causado el perjuicio, sea matando, deteriorando los bienes o ejerciendo actos de pillaje, repare este mismo perjuicio.
 
Pero en la era moderna, si algo nos separa del medio evo, de las guerras justas y de las cruzadas, es precisamente la responsabilidad. El mandatario moderno es un soberano democrático, cuya soberanía no es personal sino de la nación,
que delega su ejercicio en su persona sin abdicarlo.
 
El presidente de un país es el depositario de un poder ajeno. Como tal, debe al depositante una rendición de cuentas permanente de su gestión. Esta responsabilidad es la esencia del gobierno representativo, es decir del verdadero gobierno libre y moderno. 
Si por alguna razón se suprime esta responsabilidad, el depositario, o sea el gobernante, se convierte en propietario del poder soberano, en el rey absoluto de los estados de barbarie y violencia que vive el mundo.
 
Es precisamente en esta etapa donde George W. Bush, como muchos otros presidentes estadounidenses, por supuesto con Harry Truman a la cabeza, han provocado y provocan la desaparición de vidas humanas, propias y ajenas, por el solo hecho de imponer a los otros la arbitraria decisión de obligarlos a vivir como ellos han pretendido y pretenden que los demás vivan.
 
Los nuevos césares del tercer milenio ya tienen nombres y apellidos. He visto, en alguna publicación, catalogarlos con razón como el "Cuarto Reich".
 
Por otra parte, el pueblo estadounidense o una gran mayoría de él, también es cómplice de estas atrocidades, por aquello de que "la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer..."
 
Bastaría observar las últimas encuestas de opinión para darnos cuenta como piensan. Hasta parecería que prendió muy fuerte el sentimiento de sentirse envidiados por el resto del mundo: ¡¡¡"Defiendan los intereses de los EE.UU., hagan lo que quieran, pero lejos de nuestras fronteras..."!!! -parecen querer indicarle a sus gobernantes.
 
Para ellos... dedico estas conclusiones:
 
"Un país que vence al extranjero en los campos de batalla, y que pide a su gobierno que proteja su incapacidad por medio de la fuerza es prueba de una cobardía inexplicable y vergonzosa".
 
"Si es gloria vencer al extranjero con las armas, mayor gloria es vencerlo con el talento; porque lo primero es común a las bestias y lo segundo a la propia naturaleza del hombre".