Newsletter semanal - Año 2 - Nº 47 - 18 de diciembre de 2002
Ser una potencia imperial trae indudablemente ciertos costos. El descontento hacia Estados Unidos ha aumentado en todo el mundo en los últimos años. La tendencia es más evidente en las sociedades musulmanas, particularmente en Egipto y Pakistán. Pero aún existe una amplia predisposición a considerar favorablemente al país y sus habitantes, según un sondeo global realizado por el Centro de Investigaciones Pew entre más de 38.000 personas en 44 países.
El sondeo reveló que desde el 2000, la actitud favorable hacia Estados Unidos retrocedió en 20 de los 27 países de los cuales se conocían datos. Sin embargo, en 17 de esos 20 países una mayoría de la gente aún considera favorablemente a los Estados Unidos.
Canadá, Alemania y Francia se muestran más críticos que las naciones asiáticas y africanas respecto a las prácticas políticas y comerciales de Washington. Un 76% de los rusos y un 75% de los franceses cree que el uso de la fuerza en Irak por parte de EE.UU. tiene por objeto apoderarse de su petróleo. Se oponen al uso de la fuerza militar en ese país 47% de los británicos, 64% de los franceses, 71% de los alemanes y 79% de los rusos.
Las personas con un punto de vista favorable a EE.UU. disminuyeron en un 17% en Alemania, 22 en Turquía, 16 en Argentina, y 14 en Indonesia y Kenia, mientras aumentaban en un 24% en Rusia, 31 en Nigeria, 6 en Guatemala y 29 en Uzbekistán. El rechazo hacia la mayor potencia mundial se concentra en las naciones musulmanas del Medio Oriente y Asia central.
La mayor parte de las personas está más satisfecha con su propia vida que con la situación general en su país, aunque juzga ésta mejor que la del mundo en su conjunto. Vietnam fue el único país en que una mayoría de los consultados (51%) dijo que tenía una visión positiva sobre el estado del mundo.
La gente en general es más optimista que pesimista sobre la situación dentro de cinco años. Los más optimistas son 77% en Brasil y, curiosamente, 62% en Venezuela. Los mayores índices de pesimismo los dan Líbano, República Checa, Argentina y Japón.
La propagación de enfermedades contagiosas, fundamentalmente el sida, fue considerada como el mayor problema en la mayoría de países, más que cualquier otra amenaza internacional. El temor a la violencia religiosa y étnica ocupó el segundo puesto, y las armas nucleares el tercero.
La investigación señala que las opiniones sobre Estados Unidos son "complejas y contradictorias". Los encuestados mostraron una actitud positiva frente a determinados elementos de la cultura estadounidense, al tiempo que criticaban la influencia de ese país en sus sociedades. El estudio indica que la mayoría de los naciones disfrutan de la televisión, las películas y la música de Estados Unidos, además de considerar beneficiosos sus avances científicos.
Guatemala es el país más satisfecho del planeta
Aunque siete de cada diez habitantes vive en condiciones de pobreza, Guatemala aparece como el país con mayor índice de "satisfacción" en el estudio.
El 76 por ciento de los guatemaltecos consultados se declararon satisfechos con su nivel de ingresos, el 94 por ciento se mostraron satisfechos con su familia y el 71 por ciento dijo estar conforme con su vida en general. En los tres casos, es el resultado más alto para los 44 países incluidos en la muestra, superando a potencias económicas como Estados Unidos, Alemania y Canadá.
En cambio, los argentinos son los más disconformes del mundo en el momento de evaluar la economía de su país. El 98 por ciento de los argentinos dijo que la situación es "mala", superando a naciones mucho más pobres como Angola o Bangladesh y, de hecho, a los otros 43 países que cubre el estudio.
Este descontento contrasta con otros indicadores sobre la situación real de la economía. Por ejemplo, la proporción de personas que se encontró sin dinero para comer en algún momento del último año llega al 38 por ciento en Argentina, que es la cifra más baja entre los ocho países latinoamericanos de la muestra. En Bolivia, por ejemplo, dos tercios de los encuestados dijeron que les faltó dinero para comer, mientras que en Guatemala --a pesar de sus altos índices de satisfacción-- la proporción llega al 44 por ciento.
En casi todo el mundo, las preguntas sobre la situación personal de los entrevistados generaron respuestas más positivas que las preguntas sobre la condición de sus países. De hecho, el 45 por ciento de los argentinos se mostraron satisfechos con su vida, a pesar de sus sombrías opiniones sobre la situación nacional.
Un fantasma ronda los pensamientos de los cincuentones a medida que se acercan a la mitad mala de esa década ¿Se trata sólo de mala memoria o es síntoma del colapso mental?
Como presidente de una liga de equipos de bolos compuesta de 88 personas, Joseph Rosinski se enorgullecía de tener claro hasta el último detalle. Por eso le afectó tanto cuando, hace más de un año, comenzó a olvidar los nombres de algunos de sus compañeros, cuenta Bernard Wysocki en The Wall Street Journal.
"¿Será un simple lapsus, se preguntaba, o es ésta la primera señal de algo muy malo?". En sus momentos más pesimistas, le preocupaba poder tener el mal de Alzheimer.
En septiembre de 2001, Rosinski, un ejecutivo de telecomunicaciones jubilado, buscó ayuda en el Centro Médico de la Universidad de Duke, que estaba reclutando pacientes para pruebas clínicas destinadas a tratar enfermedades de la memoria. Solicitó participar, y pronto estaba tomando una prueba para evaluar sus olvidos. Este fue su primer paso para convertirse en un soldado en la batalla mundial para detectar y combatir las enfermedades de la memoria en una etapa temprana.
Si la pérdida de memoria puede ser frenada o detenida en esta fase, dicen los investigadores, millones de personas escaparían a la irreversible pérdida de funciones mentales que sobreviene con el Alzheimer.
En la primera visita de Rosinski a Duke, un doctor le leyó lentamente una descripción de un párrafo sobre un accidente aéreo. Había 21 hechos destacados. A Rosinski se le pidió escuchar detenidamente y luego recordar la mayor cantidad de detalles posibles. Quince es un resultado excelente, y cualquiera sobre 10 se considera normal. Rosinski recordó seis.
Después de someterse a otras pruebas, a Rosinski se le diagnóstico una dolencia llamada deterioro cognoscitivo leve (MCI).
Al explicar el diagnóstico a sus pacientes, P. Murali Doraiswamy, jefe de psiquiatría biológica del Centro Médico de Duke, trata de ser objetivo, pero diplomático. "Les digo que no es el mal de Alzheimer, pero que tienen el riesgo de desarrollarlo", explicó.
No resulta claro aún si el MCI es la etapa inicial del mal de Alzheimer o una enfermedad distinta. Pero los investigadores coinciden en que desentrañar los misterios del MCI puede ofrecer pistas sobre el Alzheimer.
Ronald Petersen, un líder de los estudios del MCI en la Clínica Mayo, estima que los pacientes con MCI se "convierten" al Alzheimer a una tasa de cerca de 10% a 15% al año, lo que significa que al menos la mitad tendrá Alzheimer en un plazo de cinco años. Algunos expertos calculan una tasa más baja. Pero todavía hay un fuerte contraste con la totalidad de las personas de 65 años. De ese grupo sólo entre 1% y un 2% desarrollan la enfermedad cada año.
Reminyl, Exelon, Aricept, productos estrellas de las multinacionales en la lucha contra la pérdida de memoria, inhiben la liberación de una enzima que se descompone en acetilcolinesterasa, que juega un importante papel como neurotransmisor de la función de la memoria.
El año pasado los medicamentos para tratar el Alzheimer tuvieron ventas combinadas en Estados Unidos de entre 800 y 1.200 millones de dólares y están creciendo rápidamente.
El problema de la mayoría de los pacientes con MCI es la memoria a corto plazo. Esto es lo que miden las pruebas en Duke y es aquí donde Rosinski muestra cierta dificultad, ya sea recordando detalles de una nota en un periódico o de una serie de palabras o números. Pero el doctor Doraiswamy dice que la situación de Rosinski corresponde a un deterioro leve.
Al ser su condición clínicamente estable desde el punto de vista clínico, el psiquiatra cree que Rosinski podría perfectamente no desarrollar el mal de Alzheimer, al menos durante varios años.
El estilo de vida también podría ser un factor de riesgo. Muchos expertos defienden un estilo de vida que sea "benigno con el cerebro", de ejercicio tres veces a la semana y una dieta baja en grasas con fresas y frambuesas y otros antioxidantes. También urge a los que sufren MCI a permanecer social y mentalmente activos.