DUHALDE: CRÍTICAS A
EE.UU.Y HALAGOS A REUTEMANN
El presidente Eduardo Duhalde criticó
anoche a Estados Unidos porque "no entendió las responsabilidades
que tiene como líder" del proceso
globalizador, alabó a Carlos Reutemann como "un candidato
fuerte"
para el justicialismo y aseguró que no habrá
hiperinflación en el país.
Duhalde llamó a "organizarse" a
todas las fuerzas políticas para emerger de la crisis, en tanto que
fustigó a quienes calificó como "los que hoy cacarean" y
que, según sus dichos "no durarían una semana" al frente
del gobierno en esta situación de crisis.
"Que los candidatos, entre ellos (Carlos)
Menem, digan y hagan lo que quieran. Sí les digo que no hay
país para nadie. Tenemos que organizarnos, es una responsabilidad de
todos. Porque muchos de los que hoy cacarean no aguantarían ni una
semana", opinó Duhalde en declaraciones hechas al programa
"Desde el Llano" de Todo Noticias.
Aunque se excusó de "dar nombres", Duhalde
mencionó que "todos los días tenemos una docena de decisiones
importantes. Es una sitación tremenda".
Con respecto a un posible adelantamiento de las elecciones,
el Presidente dijo que "si esa es la salida, llamo mañana",
pese a que reconoció que "hoy no hay un gobierno de
expectativa". No obstante, manifestó que "la fuerza que
está mejor ubicada es el justicialismo, pero sin entusiasmo de la
gente".
En ese sentido, dijo que el gobernador de Santa Fe,
Carlos "Reutemann es el candidato más importante" de
su partido y reveló que en 1999 viajó a Santa Fe para ofrecerle la
candidatura presidencial y que éste le contestó que "lo iba a
pensar" y luego "no aceptó".
Acerca de su encuentro con el ex presidente Carlos Menem en
La Rioja, Duhalde aseguró que no se habló de política
"como la gente dice".
"Hace muchos años no recuerdo cuánto, que
no le daba la mano al doctor Menem. Pero nada más que eso",
aseguró Duhalde.
En cuanto a un posible acuerdo con el Fondo Monetario
Internacional, Duhalde manifestó que "no depende de nosotros",
aunque indicó que "todos los indicios dicen que vamos a arreglar
rápido".
"Hicimos muchos esfuerzos y creo que sí. Porque
en marzo decía que sí, en abril decía que sí, en
mayo decía que sí, y ahora evidentemente luego de tantas veces que
creí ciegamente que había un acuerdo hoy tengo que tener un dejo
de duda", se sinceró el Presidente.
Sin embargo, destacó su esperanza en "no tener
que esperar hasta septiembre" para llegar a un arreglo con el Fondo
"porque la situación cada día empeora más en la
región".
Con respecto a la falta de asistencia de los Estados Unidos
a la región, Duhalde criticó a la primera potencia mundial porque
"no entendió todavía la responsabilidad que tiene como
líder de este proceso global".
"Es un modelo injusto y asimétrico que nosotros
no hemos diseñado. Ponen barreras en el norte y quieren que el sur abra
su economía. Pero por más injusto que sea es el único que
hoy funciona en el mundo", reconoció Duhalde.
Sin embargo, el Presidente aclaró que si la Argentina
"queda afuera" de "este sistema global nos arrepentiríamos
por décadas".
El mandatario aseguró que no habrá picos de
hiperinflación porque "vamos a luchar para que eso no ocurra"
porque "sería un golpe muy fuerte".
El negocio de unos pocos
aprovechados
No hace mucho tiempo, en el
año 2000, la Ciudad de Buenos Aires se candidateó para ser sede de
la Exposición Universal 2010. El motivo, en apariencia,
era la conmemoración del Bicentenario de la Revolución de
Mayo con un evento internacional que pudiera congregar a cientos de
países y a la vez exhibir el potencial de la industria, el comercio, la
cultura, el arte, el turismo y todo aquello digno de mostrar de nuestro
país.
Este tipo de exposiciones, como
sucedió con Sevilla 1992 o Hannover 2000, son
autorizadas y controladas por un organismo internacional que se denomina
Bureau Internacional de Exposiciones (BIE), con sede en
París.
Para llegar a la instancia
final, donde se compite con otros países porque no se pueden superponer
dos eventos en el mismo año o en fechas demasiado cercanas, hay que
cumplir con una serie de requisitos. Esas condiciones significan para el
país que candidatea la ciudad sede una importante
erogación.
Para tener una idea aproximada
de los costos, si observamos con detenimiento las exposiciones universales que
se han venido realizando desde mediados del siglo XIX, son muy pocas las que
dejaron algún beneficio para el país anfitrión. Por lo
general dan pérdidas a los estados, pero la ganancia se vuelca en
beneficio de la comunidad debido a la importante cantidad de visitantes que
llegan de todo el mundo para visitar el evento.
Como consecuencia, los gastos
para montar una infraestructura adecuada con las exigencias del proyecto son
altísimos. Sólo las tareas de organización demandan
alrededor de ocho años.
Sin embargo, pese a la crisis y
la recesión que ya se había instalado en la Argentina a partir de
1997, un negocio donde se podrían manejar unos 4.500 millones de
dólares en ocho años, no podía ser dejado de lado. Por tal
motivo, un pequeño grupo de empresarios y funcionarios vieron la
oportunidad y comenzaron a desarrollar planes a futuro convencidos que el
negocio podría traer agua para cada molino.
Los antecedentes de las
participaciones internacionales de Argentina, no eran para nada
halagüeños, ¿se acuerdan del escándalo que
rodeó al stand argentino en Sevilla 92? Pues bien, dos de los principales
responsables fueron el actual Secretario de Cultura de la Ciudad de Buenos
Aires, Jorge Telerman, por aquéllas épocas en la
cancillería, y Alberto Lata Liste, el ex dueño de
Mau Mau. Ambos fracasaron estrepitosamente en el marco de un verdadero
papelón internacional.
Pero vayamos por parte
explicando cómo se puso en marcha y cómo concluyó
abruptamente este proyecto.
En los últimos
años del gobierno de Carlos Menem se autorizó una
partida de 7 millones de dólares para participar con un stand en la
Exposición Universal de Hannover (Expo 2000), la
última del milenio.
La decisión
demoró bastante por distintas razones. Una de ellas era que Menem no iba
a ser presidente en el 2000 y, por lo tanto, algunos de los funcionarios
más cercanos se preguntaban para qué iba a servir dejarle
organizada la participación al presidente que fuera elegido en 1999.
Aunque, en realidad, sólo le dejaban una suma millonaria debitada del
presupuesto nacional.
Cuando asume Fernando
De la Rúa y ve el estado crítico de las finanzas del
estado decide no participar y borra del presupuesto los 7 millones.
En ese mismo momento, aparece
en escena el editor de una publicación nacional, especializada en ferias
y congresos, con la idea de impulsar la Expo 2010 aprovechando la presencia del
stand argentino en Hannover.
Este personaje habla con su
amigo, Hernán Lombardi, Secretario de Turismo (luego
Ministro de Turismo) y lo convence. Lombardi, un empresario del sector hotelero,
de íntima relación con "Aito" De la Rúa, fue uno
de los que más contribuyó con dinero a la campaña del ex
presidente. Por lo tanto, su palabra era muy respetada en el entorno
presidencial. No obstante esa ventaja a favor, también conversaron con
Rodolfo Terragno (Jefe de Gabinete) y los tres fueron a
convencer al presidente.
Lo convencieron pero a medias.
De la Rúa sólo autorizó un gasto de 3.000.000 de
dólares.
No importaba, había que
arreglarse con ese dinero... Ahora la posibilidad estaba bastante más
cerca.
Las primeras prebendas de parte
del estado fueron otorgadas mediante una supuesta licitación a un par de
empresas proveedoras que en un mes montaron un stand. Llevaron personal, prensa,
turismo, al convidado de piedra autor de la idea que viajó con su hija, y
durante seis meses buscaron contactos para lograr el apoyo del Bureau
Internacional de Exposiciones.
Después de Hannover
continuaron las erogaciones que se convirtieron en un barril sin fondo:
consultora internacional, asesores para el proyecto, arquitectos holandeses
hasta que, finalmente, la posta quedó en manos de Aníbal
Ibarra. Entonces, a través de la Secretaría de Turismo de
la Ciudad de Buenos Aires, continuaron los viajes, invitaciones a directivos del
BIE, recepción a expertos alemanes, reuniones para lograr sponsors...
En síntesis, el proyecto
continuaba pintando lindo para los intereses de los personajes involucrados,
pero sucedió lo impensado. De la
Rúa debió renunciar antes de que Buenos Aires tuviera la
oportunidad de ser seleccionada.
Mientras la elección
definitiva de la ciudad sede de la Expo 2010 recién tendrá lugar
en septiembre próximo, Eduardo Duhalde, enterado de los costos que significaría
continuar afrontando el proyecto, decidió darlo por finalizado.
¿Quién se hace
cargo ahora de los 5.000.000 de dólares tirados por la borda?
¿De la Rúa,
Lombardi, Terragno, Aníbal Ibarra, el impulsor de la idea?
Una vez más nos han
metido la mano en el bolsillo y, seguramente, quien está leyendo esta
crónica, ni se enteró.
No importa, a pesar de todo
debemos estar contentos. Imáginense qué hubiera pasado si esto se
llegara a realizar...
Como si fuéramos Al Qaeda, la red de terrorismo que
comanda Ben Laden, las amenazas de una onda expansiva de la crisis del
Mercosur sobre el resto de los países de América Latina y los
EE.UU. o sus inversiones, no parecen surtir efecto aparente sobre los
integrantes del directorio del FMI.
Si Roberto Lavagna, en su viaje, lleva como única
propuesta la amenaza de que la crisis podría agudizarse de no recibir
ayuda económica, se va a llevar un buen chasco.
Los EE.UU. nunca actúan bajo presión y menos si esa
presión viene de un país del tercer mundo.
Por el contrario, algunos gurúes de la economía
norteamericana aseguran que el contrataque va a ser espantoso porque antes de
llegar a la dolarización deseada, habrá que pasar por un
dólar muy alto, cosa que no es para nada descartable si nos fijamos en la
evolución de la moneda norteamericana en las pizarras de las casas de
cambio en los últimos días.
¿Les gusta un dólar a $ 6.50 para empezar a hablar?
-preguntan los que saben de la presión de los EE.UU. para lograr sus
propósitos.
Tampoco ese va a ser el techo.
Porque en realidad lo que se busca es comprar activos en toda la región a
precio vil. No hay duda que con un dólar bien alto y una recesión
que no tiene límites, las empresas nacionales van a comenzar a
desprenderse de sus pertenencias. Y aparecerán con bandera de remate
tierras fiscales, bienes raíces y esas cosas...
Tierra arrasada es la palabra
ideal para definir esta situación.
Un país dónde
crece y se multiplica la pobreza, dónde el estado no protege a nadie,
dónde la inseguridad se toma con naturalidad, dónde la industria y
el comercio están quebrados y dónde la desesperación de la
gente obliga a aceptar cualquier ayuda, venga de dónde venga...
puede estar listo para ser sometido a una
reconstrucción pero con nuevas reglas de juego.
Las de un país colonia,
satélite o cómo gusten llamarlo. Panamá, Ecuador, Perú, Colombia... siguen esa
línea.
La implantación de las
nuevas reglas de juego contemplan la elección de un presidente que cumpla
con las políticas emanadas desde Washington.
Las dos principales directivas
son:
1) Asociarse a un sistema de
libre comercio (ALCA) manejado por una administración que
convocaría a un representante del estado norteamericano, a un
representante del país representado, a representantes del comercio y la
industria de los EE.UU. y de las entidades financieras.
El grupo de tareas acuerda y
fija los precios de los principales productos desde Alaska hasta Tierra del
Fuego y se encarga de realizar las ventas globales de la producción de
cada país. Por ese trabajo de "management" el país
beneficiado con la exportación deberá ceder un arancel o una
comisión sobre sus ventas a la organización.
2) La introducción de
bases militares en todos aquéllos territorios considerados de riesgo para
los intereses de los EE.UU. Es decir, donde hasta ahora no han podido controlar
acciones terroristas, grupos guerrilleros, tráfico de armas, drogas,
contrabando y crimen organizado.
La adhesión a este
proyecto no es compulsiva. Cada país puede elegir el destino que
más le guste, pero de ser así deberá asumir todos los
riesgos en soledad.
Otra opción para salir
de este atolladero es la asociación directa con la Comunidad
Europea, pero las reglas de juego, aunque más benignas, no
aseguran que no debamos enajenar definitivamente el patrimonio soberano de los
argentinos: LA NACIÓN.