Belgrano murió en tiempos de gran crisis y proyectos perdidos
(Por Marta Gordillo - Agencia Telam). -"Hay patria mia!"- decía Manuel Belgrano el 20 de junio de 1820 poco antes de morir, y en momentos en que la región del Río de la Plata vivía una profunda crisis política y era escenario de una guerra civil en la que se disputaban distintos intereses regionales.
Hace 182 años y tras una década de vida independiente, pesaba en toda la región una fuerte herencia colonial y se sentía no sólo la ausencia de un proyecto unificador, sino el fracaso de las ideas de "libertad, igualdad, propiedad", que habían promovido Belgrano, Moreno, Castelli y Monteagudo, entre otros.
Si bien había triunfado la idea emancipadora de
Belgrano, el proyecto de progreso que respaldaba su acción se
había perdido en medio de las pujas por el poder.
Belgrano sostenía que el progreso estaba en el
desarrollo de la industria y la agricultura, y en este marco defendió los
intereses de los labradores y planteó el reparto de las tierras para que
prospere la producción.
En
el contexto de su tiempo, calificó a la agricultura como "el
verdadero destino del hombre", y combatió el sistema comercial
monopolista español, mientras planteaba que "la importación
de mercaderías que impiden el consumo de las del país o que
perjudiquen el progreso de sus manufacturas o de su cultivo, lleva tras
sí necesariamente la ruina de una nación".
Belgrano venía defendiendo la producción local
y el comercio interior desde los tiempos virreinales en que era secretario del
Real Consulado de Buenos Aires.
Desde allí también pugnó por la
educación masiva y gratuita: "Hubo un tiempo de desgracia para la
humanidad en que se creía que debía mantenerse al pueblo en la
mayor ignorancia y por consiguiente en la pobreza, para conservarlo en el mayor
grado de sujeción, pero esa máxima injuriosa al género
humano se proscribió como una producción de la barbarie más
cruel".
El
sentimiento antiespañol de Belgrano y de la mayoría de los
criollos de la época, lejos estaba, no obstante, de las ideas de
nacionalidad y argentinidad que van a circular décadas más
tarde.
No
había una nación por entonces, no había una conciencia
nacional, había sí acuerdos políticos, proyectos e
intereses locales, pero todo estaba por construirse; mientras tanto, en ese
camino que será largo y sinuoso, los símbolos precedieron y
contribuyeron a construir un sentimiento, una identidad nacional que interroga y
cuestiona desde mediados del siglo XIX hasta la actualidad.
Y
1820 fue la expresión de todas las disputas y de la oposición al
centralismo porteño: la Constitución sancionada en abril de 1819,
que buscaba consolidar la hegemonía porteña, fracasaba ante la
oposición del interior.
Como
reflejo de las distintas ideas que circulaban, Estanislao López
presentaba en agosto de 1819 ante la Junta de Representantes sanatafecina, un
proyecto de Constitución en el que establecía la soberanía
popular mediante el voto de todos los habitantes de la provincia, como en la
legislación promulgada por Artigas en 1814 para la Banda Oriental.
Estalló finalmente aquel orden cuando en febrero del
20, la batalla de Cepeda selló la derrota del ejército directorial
ante las tropas federales de López y Francisco Ramírez.
Tras
el triunfo de los dirigentes del litoral, Ramírez envió un oficio
al Cabildo de Buenos Aires en el que decía: "¿Se pretende
todavía engañar al mundo con la existencia de un Congreso de la
Nación cuando todas las provincias lo desconocen y acusan?
¿Será tan ciego ese gobierno que, después de los
últimos acontecimientos de Tucumán, Córdoba, Santiago,
Catamarca, La Rioja y San Juan, cree poder someter a las provincias a su
ilegítima autoridad?".
A
partir de ese momento, se disuelve el Congreso, renuncia el Director Rondeau y
Buenos Aires se convierte en una provincia federal más. Faltarán
más de tres décadas para que se unifiquen definitivamente todas
las provincias tras un proyecto nacional.
Mientras tanto, Belgrano había estado en 1819 al
frente de los ejércitos del norte. Allí se enferma y es trasladado
a Tucumán. Grave y conmovido por los acontecimientos, pide ser trasladado
a Buenos Aires y solicita al gobernador Aráoz dinero para viajar, pero
éste se lo niega. Un amigo, José Balbín, le presta
plata.
Ya
en Buenos Aires y a pocos días de morir le dice a su amigo: "Muero
tan pobre que no tengo con qué pagarle el dinero que usted me
prestó. El gobierno me debe algunos miles de pesos de mis sueldos, y
luego que el país se estabilice se los pagarán a mi albacea, quien
queda encargado de satisfacer la demanda".
Así moría Belgrano, en medio de un tiempo tan convulsionado que no reparó en su muerte ni en su legado. Sólo un periódico porteño consignó la nota fúnebre cinco días después, mientras los constructores de la historia depositaron sobre él todos los honores como creador de la bandera argentina pero opacaban su pensamiento y su obra política.
"¿Seguirá con nosotros dentro de 10 días?", se pregunta la mujer, que reside en Ensenada, Baja California.
Sin embargo, en el silencio no encuentra una respuesta. Sólo se limita a mirar a su hijo que, con la piel pálida y una sonrisa distante, le devuelve la mirada desde algún lugar de la habitación.
Hiram no es un niño como cualquier otro. Nació con problemas del hígado, lo que le ha hecho vulnerable a todo tipo de enfermedades, le ha impedido caminar como lo hacen los otros niños y le ha dado un tono amarillento a su piel, acentuando su tristeza.
El problema, reconoce su mamá, es tan difícil como sencillo: tienen que hacerle un trasplante de hígado que cuesta 700 mil pesos mexicanos (75 mil dólares, aproximadamente), de lo contrario, su hijo empezará a empeorar paulatinamente hasta que muera.
"Pero eso no va a pasar; nosotros estamos organizándonos para juntar el dinero y llevar a nuestro hijo a Guadalajara a que le practiquen la operación", comenta Luna.
No obstante, hay una duda de la madre que la sigue carcomiendo por dentro: ¿Cómo saldrá de la operación su hijo? Nadie lo sabe. Ella sólo logra entender cuando su hijo le llama para decirle que "dole pansa".
"Es que todavía no habla bien; no es un niño como cualquier otro de su edad, pero es muy valiente, y la verdad es que tiene derecho a vivir, a tener otra oportunidad... es mi hijo", dice la señora.
Luego, como regresando de un profundo abismo, recuerda la suma que tiene que pagar para hacerle el trasplante: "Creo que los podemos juntar; ya llevamos 500 mil pesos que hemos logrado con la ayuda de los vecinos y de gente voluntaria, que nos ha ayudado a organizar festivales, rifas, cenas, desayunos y colectas".
El padre del niño será el donante de hígado.
"Afortunadamente el hígado del padre resultó compatible y al menos no nos vamos a preocupar por eso, pero el resto del dinero, ése sí que va a ser un problema, porque vamos a quedar bien endeudados con el hospital; y eso que no estamos incluyendo transportación, hospedaje, comida y otros gastos que pudieran presentarse", dijo la señora.
El principal enemigo de la familia Suazo Luna es el tiempo: dentro de 10 días tendrán que irse para Guadalajara a su encuentro con el destino.
"Se tiene que hacer el trasplante ya; del dinero a ver cómo le hacemos; tal vez pidamos préstamos, vendamos lo poco que tenemos... si al menos tuviéramos una casa para venderla lo hiciéramos, pero no; quedaremos a la voluntad de Dios", finalizó la señora Luna, quien puso sus últimas esperanzas en los residentes del sur de California, para que la apoyen como puedan.
"Nos falta muy poco para juntar el dinero, y ojalá que todo salga bien con la salud de nuestro hijo; esperamos en Dios que así sea", dijo la señora Luna, quien tuvo que dejar su trabajo de maestra de escuela para cuidar a Hiram.
Para contribuir a esta causa puede enviar sus donativos a nombre de Hiram Luna a la cuenta número 394-296670-2, del banco Washington Mutual, o llamando a la familia al (646) 173-93-35, en Ensenada, Baja California.
El
último lunes, en la ciudad de Mar del Plata, un hombre
resultó supuestamente
embestido por un colectivo de la
línea Martín Güemes, cuando estaba participando de una de las tantas
marchas de los ahorristas en nuestra
ciudad.
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