Queridos amigos:
No es precisamente
PREMIUM FM 103.5 una emisora radial que se caracteriza por
análisis de eventos deportivos.
Ni siquiera podríamos
conjeturar -como piensan algunos- que en el partido de fútbol que jugaron
las selecciones de Argentina e Inglaterra,
estaba en juego la identidad del país o alguna reivindicación de
soberanía sobre aspectos de nuestra historia que sólo pueden
resolverse en el ámbito diplomático.
Sin embargo, por decantación, surge
un análisis sobre lo que sucedió esta mañana en el estadio
de Sapporo en Japón, que tiene que ver con nuestra idiosincracia y con
nuestra visión de la realidad económica y política del
país. En fin, jugamos como jugamos y actuamos como actuamos, porque en
definitiva, somos lo que somos...
Para no quitarle el encanto a la excelente
programación musical de PREMIUM y,
aún, entendiendo que muchos de los que nos escuchan seguramente
deben saber más de las corridas de Batistuta o de los
amagues del "burrito" Ortega que quien les habla, voy
a hacer algunas comparaciones que surgen de esta cuestión.
Hay gente que todavía desconoce cual es la responsabilidad
del director de una orquesta.
Algunos creen que está para llevar el compás y que
no se desmanden los profesores, otros suponen que es la persona que da las
entradas con el fin de dar coherencia a la interpretación musical y, no
pocos, opinan que no sirve para nada y que es una figura producto de la
tradición.
Sin embargo, ese personaje vestido de frac es la pieza clave para
que una orquesta funcione a la perfección.
La figura del director
de orquesta es la más desconocida de todas las relacionadas con la
música clásica, pese a la notoriedad de alguno de ellos. De
él se sabe, como mucho, que lleva batuta, gesticula con las manos y es el
único que se mantiene en pie durante toda la representación. Sin
embargo, el director de orquesta es la pieza clave dentro de una
formación musical. No solamente es el encargado de mantener el
"tempo" de la pieza y dar las entradas para que la
interpretación tenga coherencia, sino que sus funciones van más
allá.
Un director de orquesta debe interpretar en todo su sentido
el concepto global de la propia partitura. Esto significa que debe de transmitir
al público, con la mayor fidelidad posible, el espíritu del
compositor.
Esta secuencia recordatoria
sobre la responsabilidad y actuación de un director de orquesta, tiene
relación con lo sucedido hoy en Japón. Y trasladándonos
rápidamente de la música al fútbol, podría decirse
que ésta es la historia de un director técnico, Marcelo
Bielsa, que como muchos otros que pasaron por nuestras selecciones
nacionales, terminó aferrado a sus convicciones dependiendo solo de la
suerte y olvidándose absolutamente de la creatividad, de la
improvisación y del manejo de ideas novedosas para conducir a sus
dirigidos. Sobre todo cuando las papas queman.
En un país donde la
economía, la política y el fútbol están emparentados
de tal forma que hay 37 millones de habitantes que tenemos ideas distintas de
cómo sacar el país adelante, imagínense lo que puede
suceder cuando hablamos de un partido de fútbol: la formación de
Argentina y su planteamiento táctico en el campo de juego podría
conformar un laberinto de miles y miles de aspectos distintos si dependemos de
los gustos de cada uno de los aficionados.
Pero el estilo de Bielsa
pudo más que todo y casi podría decirse que salvó la ropa
gracias a la increíble actitud de los jugadores ingleses que se
refugiaron en su defensa a partir de los 25 minutos del segundo tiempo,
permitiendo que Argentina, a pesar de haber jugado mal todo el partido, lograra
llegar al final apretando a los ingleses contra su arco.
De todos modos, en honor a
la verdad, sólo podemos contabilizar en el segundo tiempo, una sola
llegada neta de Argentina que conjuró el arquero inglés sobre la
raya ante un cabezazo de Pocchettino, contra tres de los
ingleses, dos de las cuales fueron magníficamente contenidas por el
arquero Cavallero.
El resto, fueron pelotazos
cruzados a los que ningún jugador argentino podía llegar, o
rebotes producto de las imperfecciones de los defensores ingleses.
Muy poco para una
selección argentina que lucía tantos pergaminos y a la que la
prensa internacional consideraba candidata número 1 para lograr el
título.
Deteniéndonos en el
análisis del planteo táctico del partido, desde que Bielsa
asumió como DT la formación del equipo siempre se armó en
base a una defensa superpoblada: 3 o 4 defensores (según el rival); dos o
tres volantes de contención, un par de enganches en el medio y un solo
delantero. Esto significaba que la ruta para llegar al gol fue siempre
Batistuta luchando sólo contra todos los marcadores
rivales.
Bielsa parece que odia a los delanteros. Sus conocimientos
técnicos están emparentados con el fútbol europeo, al que
evidentemente admira. De modo que esta selección en cuatro años de
preparación no pudo adquirir un estilo propio. Todo lo contrario sucede
con la de Brasil, que jugando mal o bien, hace 40 años que mantienen una
disciplina y se someten a ella. Sea quien sea el técnico de la
selección.
También los brasileños hacen lo mismo con su diplomacia y,
por supuesto, con su proyecto de país, Mantienen sus estrategias a
rajatabla, a pesar de los cambios de gabinete y de las ideas distintas que
impulsan cada uno de los políticos que llegan al
gobierno.
Podría asegurar a quienes no tuvieron la oportunidad de ver hoy el
partido, que durante muchos minutos, si la camiseta celeste y blanca era
suplantada por una de Irlanda o de Escocia, nadie se hubiera dado cuenta que era
Argentina el rival de la selección inglesa.
En
esa distinción que hace Bielsa al elegir un estilo de fútbol
marcadamente europeizado echó por tierra con la base futbolística
que existe en nuestro país y que cualquiera de nosotros podemos ver en
los campeonatos locales.
Podrá gustarle o no cómo juegan: River,
Boca o San Lorenzo, pero es un fútbol
típicamente criollo, de pisadas, de amagues y además contundente.
Todos los equipos poseen, por lo menos, dos delanteros de punta, porque
aquí, allá y en cualquier rincón del mundo, los partidos se
ganan haciendo más goles que el adversario.
Bielsa, en cambio, apuesta todo a un solo delantero; a dos volantes de
creación y a un jugador polifuncional como Sorin, al que
muchos periodistas ensalzan como una gran figura y que sólo puede
sobresalir con equipos rivales sin jerarquia (como sucedió en la
mayoría de los partidos clasificatorios para el mundial y con Nigeria que
no se clasificó) y se apaga, desapareciendo de la cancha, cuando el
equipo rival tiene más consistencia física, anímica y
futbolística.
Cuando Bielsa advierte que su equipo está maniatado, lento de
reflejos, que el medio campo con Verón no funciona y que
Batistuta está bien marcado y no llega a ninguna pelota, se da cuenta que
tiene que hacer cambios.
Pero su mentalidad conservadora lo conduce a sacar a Batistuta, un
jugador que jugando mal es inamovible en su puesto porque obliga a que los
rivales mantengan sobre él, una marca personal de uno o dos
hombres.
La
idea de Bielsa para sacar a Batistuta era cambiarlo por el Piojo
López, pero no se atrevió a hacerlo directamente. Tuvo
temor que Batistuta tuviera un bajón anímico (aunque igual ya lo
tiene) y eligió a Crespo como su partenaire con el
acostumbrado 9 por 9. Por carácter transitivo, llegó
más tarde el Piojo López por Kili
González, cuando el número puesto para irse era Sorin ya
que en ningún momento justificó su presencia en la
cancha.
El
cambio en los vestuarios de Aimar por Verón era tan
lógico que no podemos imaginarnos por qué Verón
inició el partido ya que estaba cantando que con Nigeria había
tenido una floja actuación.
Todo un descalabro en la
mente de Bielsa porque ahora, en un mundial donde se juega a todo o nada, no
tiene margen de maniobra para volver atrás y revisar o corregir los
errores tácticos que esta selección siempre tuvo, aún en
aquellos partidos que ganaba con facilidad en el torneo
clasificatorio.
En la política y en la
economía sucede igual que en el fútbol, porque el gobierno no
tiene agallas para ningún proyecto de país distinto al que venimos
padeciendo hasta ahora. Por el contrario, se está intentando meter miedo
a la gente ante lo desconocido.
Esa es la fórmula de los
políticos argentinos que temiendo perder el tren de la historia,
continúan aferrándose con uñas y dientes a los cargos que
alguna vez el pueblo les legó.
Señor, señora: ¿ahora
se da cuenta por qué la política y la economía están
tan emparentadas con el fútbol? Y por qué un director
técnico, que debería tener las mismas virtudes de un director de
orquesta, ante los sonidos desafinados o la pérdida del ritmo musical de
sus dirigidos, opta por hacerse el sordo y continuar insistiendo en dirigir sin
cambios en la partitura y sin reprender a los músicos.
Así, nos va...
Está autorizada la reproducción parcial o
total del contenido de este artículo
únicamente mencionando
el autor y la fuente. (Copyright
Ensamble 19 - Junio 2002)